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Ciclos pasados

Ciclos pasados

(por Luis Nogueira Serrano)

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Siempre dicen que el tiempo cambia las cosas, pero en realidad el que tiene que cambiar es uno mismo. (Andy Warhol)

 

Era un día cualquiera. Cruzaba los jardines que antaño eran el rio Turia que hay cerca de casa de camino hacia el Dôjô, cosa poco habitual, pues siempre utilizo el trasporte urbano. Me crucé con unos adolescentes que corrían alrededor de un itinerario marcado. Esto me retrotrajo a tiempos ya lejanos. Años atrás yo era el que corría. A lo lejos estaba mi antiguo profesor de educación física dando las indicaciones a los ahora alumnos, eso sí, con algunos años de más. Esos momentos me trajeron algunos pensamientos de nostalgia de tiempos pasados. Y la verdad es que me considero un nostálgico.

 

Segundos más tarde ascendía por una de las rampas que salen del alongado jardín hacia las calles de la urbe, y aún veía lo mismo, las carreras, el profesor, el ambiente de final de jornada entre ellos… Sin embargo, centímetro a centímetro de elevación, mi perspectiva nostálgica se fue diluyendo en una oleada de nuevos pensamientos sobre pasado, presente y futuro.

 

En los sueños de muchos durante siglos ha estado presente la posibilidad de viajar al pasado. Desde que el tiempo se interpreta como la 4ª dimensión y desde la teoría cuántica y la relatividad, así como muchas modernas teorías físicas como las supercuerdas, esta fantasía de viajes en el tiempo es cada vez más posible, aunque aún lejana. Se dedican a día de hoy esfuerzos y recursos tanto en lo material para su posibilidad, como en las ideas, no solo en su concepción, sino también en la metafísica de su uso. Todos conocemos su gran controversia paradójica ¿qué pasaría si el viajero del tiempo matara a alguno de sus antepasados? Mucho tiene que ver con la alteración del presente en un pasado en el que el futuro no existe. Es decir, si una de las características del presente es su libertad de elección sobre el futuro, un pasado variable, haría incoherente esta presunción. Interesante a la vez que desesperante.

 

Algunos nostálgicos vemos el pasado, o mejor dicho, nuestros recuerdos, como refugio de un presente, que lejos de que sea positivo su sabor de boca es lejano del que dejó el pasado. Por ende, vivimos el pasado con la perspectiva del presente, mientras que el pasado no puede ser vivido, sino que ya lo fue en el pasado.

 

Viendo a los chicos correr, me di cuenta que no importara cuanto me refugiara en el pasado, pues el momento ya había pasado. No era una cuestión de futilidad o imposibilidad. Es una cuestión de experiencia. Experiencia entendida en una sucesión consciencial personal. ¿Qué quiero decir con esto? Pues el pasado es lo que nos define nuestro presente, lo que construye nuestro pensamiento del ahora. El presente no existiría sin pasado, y el pasado sería diferente vivido desde el presente. Veía ahora, como el retroceso hasta viejos tiempos haría que las vivencias no fueran las mismas. Las energías habían cambiado.

 

Es cierto, esa época felizmente pasó. ¿Hacia dónde? Hacia otros puntos de constatación, hacía otras reflexiones. El mayor peligro que tenemos con todo es aprisionarnos con aquello, con un pasado nostálgico e ideal, como si lo soñáramos. Ese entorno puede ser nuestra prisión.

 

A día de hoy, el mundo ha cambiado, el mundo respira, late diferente. No nos damos cuenta, pues existen las distracciones suficientes para absorbernos en naderías: el ego y el mundo de nuestro ego, el mundo que parece y no es. Detrás de todo existen grandes cambios que nos afectan, que sentimos profundamente, y una de sus evidencias es la nostalgia de tiempos pasados.

 

Fijémonos en ello, percibamos el ahora como consecuencia del pasado. Definamos nosotros nuestro presente. Entendamos lo que se nos presenta. Comprendamos lo que elijamos.
 
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