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Etapas que pasan
Etapas que pasan
(por Luis Nogueira Serrano)
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“Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único” Agatha Christie


Me pregunta un alumno si hay algo más peligroso que quemar etapas. Se refiere a la necesidad que socialmente se ha implantado del producto rápido, hasta la educación (aprenda inglés en 20 días, etc.). Todo lo queremos para ya. De hecho en los negocios, con la crisis, las cosas se quieren para ayer. El grave problema que esto genera es la baja calidad de todo. En la educación y formación no sería diferente.


¿Cómo pretendemos conocer, saber, dominar, si no tenemos la experiencia que los años nos dan? Lo contrario es engañarnos. Una cosa es la teoría y otra es la práctica. Decía Jan L. A. van de Snepscheut, informático de renombre que “En teoría, no hay diferencia alguna entre la teoría y la práctica. En la práctica, sí la hay” y concuerdo plenamente. Los patrones, los criterios sólo se adquieren con la propia experiencia. Por ello quemar las etapas, tratar de recorrer 20 cuando sólo podemos hacer con seguridad 10 es una precariedad pues nos aleja de nuestro control, y sobretodo una ignorancia, pues nuestra precipitación es el comienzo de nuestro futuro declive, nuestro talón de Aquiles. Si cabe, por ética, al menos si hablamos de ética personal, con nosotros mismos, dicha opción es fraudulenta y engañosa. Sólo tienen sentido en una profunda disfunción entre el querer ser y el ser. Queremos ser, pero no queremos hacer lo que hay que hacer para llegar a ese punto. No nos engañemos, ya que se nos ha dicho por activa y por pasiva, el secreto del éxito es trabajo y más trabajo. El ser humano sin embargo es curioso, a pesar de que nos regalan grandes verdades seguimos buscando formas de puentear y trampear el doloroso trago del trabajo, pues porque esto cuesta y tarda, y lo que no nos podemos permitir es tiempo y esfuerzo. Al menos así cree una gran cantidad de población.


Sin embargo, nos alejamos del punto principal del asunto. Mi contestación es que sí, hay algo más peligroso que ese afán de recorrer las etapas sin despeinarse, y este es no permitir pasar página, el estancarse en la misma historia de por vida. Una de las grandes magias del ser humano es la capacidad de adaptarse, mudar, cambiar, desarrollar nuevas vías. No obstante, muchos seguimos cometiendo los mismos errores, equivocándonos en las mismas trabas, bloqueándonos en las mismas barreras… La vida, como gentil maestra, se ocupa de enseñarnos en cada momento nuestra gran debilidad, nuestra necesidad de pasar adelante.


El otro día salía a correr y me di cuenta que mi cuerpo ya no era el mismo, o al menos, yo ya no sentía lo mismo. Zancada a zancada la perspectiva había cambiado. Recordaba tiempos anteriores en los que la fuerza interna movía las piernas. Ahora las perspectivas son otras, las necesidades también. Si no hiciera caso a esto no haría más que llevarme a una espiral autodestructiva. ¿Quiere eso decir que debemos dejarnos llevar por la primera impresión que sentimos? No, ni mucho menos. Pero debemos dejarnos margen para entender que nuestros paradigmas cambias, que somos entes fluctuantes, y que aunque no nos demos cuenta, seguimos creciendo, seguimos madurando, y eso resulta ser una gran oportunidad para nuestra evolución.


Alguien me pregunta, ¿y por qué ya no disfrutas más de correr? No es que nos disfrute porque ya no lo haga ni tan intensa ni extensamente. Y tampoco quiere decir que pueda volver a hacerlo. Tan sólo representa una nueva etapa, un nuevo tiempo en el que no necesitamos más de lo que antaño hacíamos y nos parecía indispensable. Pero cometemos errores contrarios a diario. Nos empecinamos en mantener actitudes de toda la vida, hábitos, costumbres, y que sin embargo, no tienen al menos ya nada que ver con el yo de hoy en día. No dejamos margen para nuestra propia evolución y eso nos estanca, y nos pudre.


Coincido también con la propuesta de Arthur Schnitzler que nos ilustra con “estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”. Generalmente esperamos que las cosas acontezcan a nuestro alrededor, es decir, que sea algo o alguien el que nos avise de los cambios. Sin embargo, cuando eso así ya es tarde. Para la evolución es preciso disponer de los sentidos agudizados, de actitudes adecuadas. La atención y escucha interna son importantes en todo este proceso, pues nos permiten escuchar los vientos que soplan en nuestro interior.


Para finalizar con una nota de optimismo Oscar Wilde nos da la clave para el cambio, para la nueva visión de nuestro entorno y que nos permitirá estar más atentos, o al menos tener el coraje para hacerlo:


“A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.”

 
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